lunes, 29 de noviembre de 2010

En España, al igual que en otros países europeos, no se admite un "modelo mercantil" de información directa al ciudadano sobre medicamentos sujetos a receta

El trabajo que se está llevando a cabo en el Parlamento europeo sobre una normativa relativa a la información directa a los ciudadanos sobre los medicamentos de prescripción preocupa especialmente tanto a la profesión médica española como también a las propias autoridades sanitarias de nuestro país, mostrándose reacias a la misma, en consonancia con la oposición de otros países de la UE. Así lo han expresado, recientemente, tanto el presidente de la OMC, el doctor Rodríguez Sendín, como el secretario general del Ministerio de Sanidad, Martínez Olmos, bajo la certera convicción de que este tipo de información sobre los fármacos hay que ofrecerla al paciente sobre todo con responsabilidad


Madrid, 29 de noviembre 2010 (medicosypacientes.com)
La resolución legislativa del Parlamento Europeo del pasado 24 de noviembre sobre la propuesta de Directiva con la que se pretende modificar, en lo referente a la información al público en general sobre medicamentos sujetos a receta médica, la Directiva 2001/83/CE que establece un código comunitario sobre medicamentos para uso humano fue objeto de debate durante la Jornada "La adopción de las innovaciones sanitarias: análisis crítico y recomendaciones". Durante la misma, el presidente de la Organización Médica Colegial, el doctor Rodríguez Sendín, justificó el abordaje de esta cuestión porque “preocupa especialmente en estos momentos tanto a la profesión médica como también a la propia Administración sanitaria”. Precisamente, en este mismo sentido se expresaban recientemente las principales organizaciones médicas europeas al considerar que este tipo de propuestas no aportan beneficio a sus pacientes sino que incluso podrían poner en riesgo su seguridad.

Como recordó el presidente de la OMC, al abordar esta problemática, "la Oficina del Parlamento Europeo en España nos convocó, a finales de octubre en Zaragoza, a representantes de todos los grupos implicados en el sector de los medicamentos con el fin de debatir sobre una serie de decisiones legislativas en esta materia que próximamente iba a adoptar el Parlamento Europeo, entre ellas la relativa a la información directa de la industria farmacéutica que debe recibir el paciente sobre los medicamentos sujetos a receta y en relación al lanzamiento de nuevas moléculas". "No ha pasado más de un mes desde aquella jornada -tal como añadió- y ya ha sido prácticamente aprobado en el PE por unanimidad". La única modificación que se ha hecho, como explicó el doctor Rodríguez Sendín, "es que en el documento inicial, en un artículo, se le daba preferencia a la información de la industria sobre una molécula nueva sobre la que pudiera dar el médico. Finalmente, eso ha sido retirado, lo cual me hace sospechar que aunque, aparentemente, la intencionalidad es reguladora, a mi personalmente me preocupan fundamentalmente dos cosas: primero, la manera de difundir esta decisión, y también la unanimidad con la que se ha votado, con tan sólo 42 parlamentarios en contra".

"La capacidad que se tiene en una consulta de influir sobre cada paciente, con la mejor intención, no es la misma que la de la industria con todo su poder mediático, en cuanto a crear expectativas a disposición de todos aquellos pacientes con cualquier tipo de patologías y máxime si éstas son de gran complejidad", tal como remarcó.

La postura del Ministerio de Sanidad
Los asistentes a esta jornada también tuvieron la oportunidad de conocer la postura que mantiene en este sentido la propia Administración sanitaria española, expuesta por el representante del Ministerio de Sanidad José Martínez Olmos:"Nosotros estamos en contra y es la posición que vamos a mantener sobre la posibilidad planteada en el Parlamento Europeo en relación a la información directa al paciente sobre medicamentos nuevos o no nuevos", tal como manifestó.

En primer lugar, Martínez Olmos recordó el marco en el que se ha gestado dicha propuesta."Se trata de una iniciativa que parte de la Comisión Europea con el fin de elaborar una directiva que permita la información directa por parte de la industria farmacéutica, y la mayoría de los países nos hemos posicionado en contra de esa directiva porque tenemos la profunda convicción de que la información al paciente sobre medicamentos hay que dársela con una serie de responsabilidades: éticas por parte de los profesionales, y por otra, la responsabilidad de las Administraciones de cara a los pacientes y ciudadanos, con el fin de proteger la asimetría de información que tiene el paciente sobre lo que le sucede".

Y es que, como expresó el representante de la Administración sanitaria, "asumir que un paciente puede recibir información publicitaria y que con eso puede tomar decisiones es creer que éste puede decidir todo sobre su salud y en ese caso no haría falta ni el profesional ni la administración.Tan importante en esto es la relación médico-paciente como la responsabilidad de la Administración para el ciudadano. En estas cosas lo que ha de primar por encima de todo es el beneficio para el paciente con control independiente".

La libertad de elegir, como señaló, "está bien para otros bienes de consumo pero no para las cuestiones sanitarias. En toda Europa se ha aceptado que el Estado interviene y también los profesionales, en beneficio del paciente que tiene asimetrías de información, entre otras cosas, porque no es experto en materia sanitaria, y su protección es una obligación tanto del Estado como de las profesiones. Ése es el modelo que prima en Europa, y no el de mercado como el norteamericano".

No obstante, Martínez Olmos no se mostró muy optimista porque, como indicó, "esta batalla, que es fundamental, no está ganada todavía, y para no perderla nos tenemos que rearmar. En ese sentido es muy importante, no sólo lo que hagamos a nivel nacional sino lo que también hagamos a nivel europeo tanto los profesionales como los Gobiernos que, en su mayoría, estamos en contra, fundamentalmente, por defensa de los intereses de nuestros pacientes. Los profesionales, desde su perspectiva, y nosotros como Administración, desde la nuestra".



0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

FIBROMIALGIA


La Fibromialgia es una enfermedad de causa desconocida (como el 67% de todas las enfermedades definidas hoy en día) cuyo síntoma principal es el dolor crónico generalizado que se localiza, esencialmente, en zonas musculares, tendinosas, articulares y viscerales

En la actualidad, la Fibromialgia se hipotetiza que forma parte de un espectro amplio de síndromes y situaciones clínicas que cursan con procesos de sensibilización e hipersensibilidad central, los llamados "Central Sensitivity Syndromes"

El profesional más adecuado para confirmar el diagnóstico de la Fibromialgia es el reumatólogo.

La verdadera Fibromialgia nada tiene que ver con cuadros psicopatológicos sino que responde a un incremento de la percepción del dolor a nivel del Sistema Nervioso Central. Es una enfermedad reconocida por todas las organizaciones médicas internacionales y por la OMS desde 1992. Afecta masivamente a las mujeres en una proporción que se cifra entre 8/1 y 20/1 (mujeres / hombres). Está comprobado que existe una "agregación familiar", es decir, familias en las que es más frecuente que ocurran casos de Fibromialgia.

En la Fibromialgia es característica la presencia de los llamados "puntos sensibles". Estos puntos sensibles están situados a largo del cuerpo y pueden desarrollarse en varias formas, aunque todavía no se comprende exactamente como se originan.

En la actualidad no existe ningún análisis de laboratorio para el diagnóstico de la Fibromialgia. El diagnóstico de la fibromialgia es exclusivamente clínico, como ocurre también en muchas otras enfermedades.

El Colegio Americano de Reumatología (ACR), ha publicado (mayo de 2010) unos nuevos criterios que se basan, esencialmente en la exploración de los puntos sensibles y la afirmación del enfermo de sufrir dolor generalizado, criterios diagnósticos que complementan los hasta ahora utilizados.

Los criterios actuales no requieren, obligatoriamente, el contaje de los puntos sensibles, contemplan aspectos sintomáticos hasta ahora no incluidos y utilizan unas escalas para concretar el diagnóstico y determinar la gravedad de los síntomas.


Además de los criterios diagnósticos comunes a la enfermedad, se observan una serie de síntomas que se sobreañaden al dolor específico de la Fibromialgia:

• Debilidad generalizada, dolores musculares y articulares difusos. Otro síntoma frecuente es la rigidez en la planta de los pies.

• Alteraciones del sueño: problemas para conciliar el sueño e interrupciones frecuentes del dormir durante la noche, lo que provoca un sueño de mala calidad que hace que la persona con Fibromialgia se duerma sin problemas, pero el nivel profundo del sueño se ve dificultado por la aparición de los dolores.

• Fatiga matutina y durante el día.

• Rigidez matutina, en general de forma leve. • Cefaleas. • Sensación de entumecimiento y hormigueo de una extremidad, y sensación de tumefacción (hinchazón de un órgano).

• Colon irritable

• Vejiga irritable (constante necesidad de orinar)

• Otros síntomas frecuentes son el dolor de cabeza, la caída del cabello, sensibilidad a la luz, colon irritable, entumecimiento o calambres de las extremidades. Los síntomas tienden a fluctuar y no necesariamente ocurren simultáneamente.

También sabemos que, aunque muchos pacientes diagnosticados de Fibromialgia presentan trastornos psíquicos (30 %), estos no son la causa de la enfermedad, aunque deben ser diagnosticados y tratados convenientemente.

La fibromialgia se parece a un estado de convalecencia de una enfermedad. Este aspecto y muchos de los síntomas de la Fibromialgia tienen gran similitud con otra enfermedad crónica conocida como Síndrome de Fatiga Crónica, aunque existen características diferenciales. Ambas enfermedades pueden coexistir en una misma persona.

La gravedad de la fibromialgia se mide en función de varios parámetros, siendo el más importante la afectación de las actividades de la vida diaria. Se sabe que evolucionan peor los pacientes que utilizan más fármacos y los que no hacen ejercicio aeróbico regular.

La Fibromialgia es una enfermedad que puede afectar mucho la calidad de vida, tanto que puede ser peor que la de las personas con artrosis, artritis reumatoide o enfermedades pulmonares crónicas, entre otras.Un proceso diagnóstico correcto debería incluir una historia clínica detallada que incluya vida laboral y familiar, evaluación psicológica, examen físico completo, analítica básica (hemograma, VSG, PCR, CK, TSH y proteinograma) que puede ser ampliada a criterio del médico y algunas pruebas de imagen para descartar enfermedades que pueden coexistir.

Pese a que el impacto funcional de la Fibromialgia es importante comparativamente con otras patologías, la inmensa mayoría de enfermos con Fibromialgia pueden mantener actividad laboral con adaptaciones, como por ejemplo, entrar más tarde a trabajar, disminuir el tiempo de jornada laboral, disminuir los días trabajados y/o pasar a ocupar puestos de menor agotamiento (físico o mental) o consumo energético.


SINDROME DE FATIGA CRONICA


El Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) (Síndrome de Fatiga Crónica (SFC)) es una enfermedad grave compleja y debilitante caracterizada por una fatiga intensa, física y mental, que no remite, de forma significativa, tras el reposo y que empeora con actividad física o mental. La aparición de la enfermedad obliga a reducir sustancialmente la actividad y esta reducción de actividad se produce en todas las Actividades de la Vida Diaria (AVD).


Casi siempre la enfermedad es crónica (curaciones inferiores al 5-10%) y de un gran impacto en la vida del enfermo

Todavía se desconoce la causa del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) y no disponemos de pruebas específicas de diagnóstico, pero la mayor parte de grupos de estudiosos creen que las infecciones (sobre todo las producidas por determinados virus), la respuesta autoinmune y los agentes tóxicos o las sustancias química pueden desencadenar la enfermedad incluso a dosis consideradas "de seguridad" para la mayoría de la población. Recientes trabajos de expresión génica que describen subgrupos en la enfermedad, parecen afirmar la relación con las sustancias tóxicas.


Las más modernas hipótesis etiopatogénicas apuntan a una coexistencia de: Factores Predisponentes (genética, inactividad física en la infancia, inactividad tras mononucleosis...), Factores Desencadenantes (severo estrés físico o psíquico, infecciones, sustancias químicas...), Factores de Perpetuación y Factores Pronósticos.



En definitiva se trata de que, en personas con cierta predisposición en la que la genética parece tener un peso relevante, determinados estímulos, esencialmente virales o tóxicos, producen una alteración de los sistemas inmunológicos, endocrinológicos y neurológicos del cuerpo que pueden quedar afectados de forma permanente, haciéndose más sensible a otras infecciones o a reactivaciones de los mismos virus y produciendo síntomas muy relevantes.


Puesto que numerosas afecciones presentan fatiga incapacitante, antes de diagnosticarla debe ejercerse mucha cautela para no descartar otras dolencias conocidas que con frecuencia cuentan con tratamiento Es por ello que, en el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), el diagnóstico diferencial juega un papel crucial que no debería ser asumido por la asistencia primaria

OTROS SINTOMAS COMUNES


Además de los ocho síntomas principales que constituyen la definición del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), algunos pacientes han experimentado otros síntomas, que se presentan con frecuencia entre el 20% y el 50% de los casos. Tales manifestaciones abarcan dolor abdominal, intolerancia al alcohol, flatulencia, dolor pectoral, tos crónica, diarrea, mareo, sequedad en los ojos y boca, dolor de oído, arritmias cardíacas, dolor en la mandíbula, rigidez matinal, náuseas, sudor nocturno, trastornos psicológicos (depresión, irritabilidad, ansiedad, ataques de pánico), ahogo, sensibilidad dérmica, sensación de hormigueo y pérdida de peso.


Es importante saber que el aspecto externo del enfermo no tiene porqué variar y de hecho la afirmación "...pues tienes buena cara", es realmente ofensiva para el paciente porque encierra una cierta dosis de duda. Ante este planteamiento una buena respuesta es que el SFC no es una enfermedad de la cara, sino de los órganos internos del cuerpo

DIAGNOSTICO

A. El diagnóstico del médico

En casos sencillos, el médico de asistencia primaría debería poder orientar un diagnóstico de Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), si dispusiese de tiempo para ello y decidir su remisión a una Unidad Especializada, pues el diagnóstico del SFC es actualmente exclusivamente clínico, es decir, no existe prueba diagnóstica alguna que pueda confirmar de forma indubitable la existencia de un SFC. Esto hace que la experiencia en el diagnóstico adquiera un valor trascendente

Si durante seis o más meses, alguien lleva padeciendo fatiga extrema, física y mental, que no remite a pesar de descansar en cama y va acompañada de síntomas inespecíficos, como síntomas gripales, faringoamigdalitis no exudativa, febrícula, dolor generalizado o problemas importantes de memoria y concentración, el médico deberá incluir en su proceso de el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC).

En primer lugar obtendrá la historia clínica completa y le practicará un examen físico completo, que incluirá un examen del estado mental (que normalmente incluirá una charla prolongada en la consulta y unas baterías de tests psicológicos) y una serie completa pero sencilla de análisis de sangre y orina que permitirán diagnosticar otras posibles causas de fatiga anormal. También puede ser necesario practicar algunas pruebas de imagen (radiografía de tórax, resonancia craneal o ecografía abdominal).

Si los análisis ofrecen una explicación alternativa a la fatiga, se encargarán más análisis para confirmar esa posibilidad. Si no se identifican las causas de los síntomas y se cumplen las demás condiciones que conforman la definición del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), el médico puede diagnosticar el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), siempre teniendo en cuenta verificar que el impacto de la enfermedad, tanto físico como intelectual supere el 50% y buscando sustentar dicho impacto de forma objetiva. Si el paciente ha sufrido fatiga durante seis meses o más, pero no se observan los síntomas descritos en la definición del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), puede diagnosticarse una Fatiga Crónica Idiopática o una Fatiga Anormal que puede ser concomitante a otro proceso clínico detectado durante el proceso de diagnóstico.

TRATAMIENTO

Dado que no se han identificado las causas del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), los tratamientos existentes se centran en paliar los síntomas, no existiendo un tratamiento curativo. Es importante que no se deje engañar por desaprensivos en este aspecto. A pesar de lo expuesto, existen tratamientos que, de forma individualizada, pueden ser útiles en los enfermos con SFC/EM.

El tratamiento más importante consiste en explicar al enfermo el alcance de su enfermedad, sus expectativas reales y recomendarle que adapte su vida a sus posibilidades reales. Intentar hacer más de lo que le permite el cuerpo conduce a un empeoramiento objetivo.


a. Tratamientos no farmacológico


1 - . Actividad física.

En general, los médicos recomendamos a los pacientes que vigilen el ritmo que mantienen y que eviten en lo posible el estrés emocional (no está claro que el estrés pueda contribuir al desarrollo de la enfermedad, pero sí sabemos que, una vez instaurada, el paciente tolera muy mal el estrés) y la tensión física. Las actividades cotidianas regulares y razonables contribuyen a evitar el fenómeno push-crash, caracterizado por sobreesfuerzos durante los períodos de mejoría, seguidos de recaídas quizá debido a la actividad excesiva. Es importante también la actividad física regular para evitar que la condición física empeore, aunque debe estar supervisado por un médico o un fisioterapeuta y ser de baja intensidad.


2 - Psicoterapia y terapia de apoyo.

Cierta clase de psicoterapia, como la psicoterapia cognitivo-conductual, ha ofrecido resultados prometedores (existen ocho estudios al respecto, de los cuales cinco son positivos y tres indiferentes) al ayudar al paciente a combatir su enfermedad y al aliviar parte de la tensión que conlleva el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC). Además, todas las enfermedades crónicas pueden afectar a los cuidadores y a los familiares. En tales casos, la terapia de familia fomentará la comunicación y reducirá el efecto adverso del Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) en la familia.

b. Tratamientos farmacológicos



Los tratamientos farmacológicos van encaminados a aliviar los síntomas específicos. Los pacientes se muestran hipersensibles a los fármacos, en especial lo que afectan el sistema nervioso central, por ello, la estrategia consiste en comenzar con dosis muy bajas que se irán aumentando gradualmente según la necesidad. Existen muchas opciones de tratamiento sintomático farmacológico.



c. Dieta y entorno


En algunos enfermos con Intolerancia Química Múltiple, la utilización de un programa dietético, parece mejorar su calidad de vida. En estudios controlados, la utilización de una dieta baja en azúcares y levaduras, no ha aportado ninguna mejora en los enfermos con SFC.

El contacto específico con sustancias químicas (por ejemplo una casa nueva, un mueble, colocar parquet, productos de limpieza, etc.) debe ser evaluado para detectar posibles causas de empeoramientos.


En cualquier caso, seguir una dieta sana y equilibrada, evitando en la medida de lo posible los aditivos y las sustancias químicas, parece una medida de salud muy conveniente para estos enfermos y recomendable para todos en general.

d.Reposo

Es tal vez la medida más efectiva. El SFC no es una enfermedad que se produzca por la falta de entrenamiento ni nada tiene que ver con la práctica de ejercicio.

El enfermo con SFC no debe "forzar la máquina", debe adaptarse a la realidad clínica de su enfermedad, que oscilará con el tiempo y reconocer que existe "un antes y un después de la enfermedad" que afectará a sus objetivos y a sus posibilidades. Muchas veces necesitará apoyo psicológico experto para ayudarle a afrontar las limitaciones de la enfermedad y asesorarle sobre la relación con sus allegados.
En general, el enfermo debe realizar el reposo que el cuerpo le requiera, aunque debe mantener un cierto grado de actividad física que evite su atrofia. Esto puede conseguirse con sencillos programas que nunca deben incrementar la fatiga al día siguiente.


Los enfermos con SFC más grave (aproximadamente un 25%), deben adoptar medidas especiales.